El corazón se me acelera, quiere salir por la boca huyendo de esta tortura de dirigir mi cuerpo en este instante. Quiere salir pero la presión de mi pecho angustiado lo mantiene inmóvil, indefenso, incapaz de controlar mi pensamiento, incapaz de aliviarme este dolor.
Mi cabeza, falta de razón, decide perder la inocencia para invadirme de imágenes que mis ojos no querían ver, mientras mis manos, sudorosas, hacen palpable el poder de mi imaginación.
Cada vez es más intenso, cada vez más incontrolable, mientras mis ojos se ven obligados a seguir leyendo por la maldita necesidad de vivir sumidos en una realidad cuanto menos surrealista, yo desearía poder cerrarlos para evadirme de este mundo. Evadirme, quién pudiera. Convertirme en un millón de partículas, motas polvo sin más significado o pensamiento que seguir volando. Poder posarme en la piel de alguien que irradia de éxtasis y felicidad para sentirme viva al notar el transpirar de cada poro de su piel convertidos en inmensos volcanes de sentimientos. Sentirme viva allí posada mientras mis otras partes, millones de partes, se esparcen por calles, océanos, playas desiertas, sobrevuelan rascacielos y recorren el mundo.
Sí, quisiera evadirme pero no puedo, no formo parte del polvo. Mis pies siguen anclados al suelo cual amor inquebrantable a la realidad, ese tipo de amor que si se intenta separar se vuelve más fuerte. No consigo liberarme de mis ojos, de mi cabeza, no consigo levantar los pies, ellos más fuertes que mi voluntad arrastran mi cuerpo entero a las baldosas de mi habitación.
Tumbada allí, el suelo frío cual mi corazón, me recuerda una vez más que no puedo dividirme para que el dolor sea más liviano en pequeñas partes. Sigo siendo un todo, con mi cabeza dotada de surrealista imaginación, con mis ojos atados a la verdad, mi corazón palpitante de deseo por huir, mi pecho oprimido, mis manos sudorosas y mis pies realistas.
Mientras asumo sentimientos de ira, impotencia, dolor, angustia y amor me veo hundida en el mar, todo empieza a verse como cuando miras al cielo desde el fondo del océano, el agua lo convierte todo en olas de realidad y sentimientos. Ya no puedo leer, ya no existe la incertidumbre, ya no existe el entre líneas. Ya no puedo leer mientras mi rostro se encuentra empapado en este mar de sentimientos, las olas me arrastran al vacío sin moverme del suelo de mi habitación. Por una vez el llanto aporta tranquilidad.
Mientras mi corazón pierde el pulso creándome temblores en las puntas de mis dedos y una sinrazón desmesurada en mi cabeza, una voz viene a mi mente del mismo modo en el que yo quería marcharme, traída por el viento. Esa voz recorre mi cuerpo hasta adentrarse en mis oídos para decirme ¿Confías en mí?.
Como si de un milagro se tratara mis pies se sienten libres. Mi pecho ya no necesita sujetar a mi corazón para que no se marche. Mi cabeza, en cierto modo se siente hechizada por el suave tono de su voz. Todo llega, todo pasa, y solo espero que este sentimiento de paz se quede en mi habitación mientras la angustia se la lleva el viento.

^^
ResponderExcluirMe encanta, me gustaría hacerlos tan largos como tú pero es imposible!
ResponderExcluirAdmirable!
Gracias guapas!
ResponderExcluirde verdad tienes todos esos sentimientos encerrados en tu habitación???
ResponderExcluirsi que tiene que ser grande tu cuarto...
muy bonito el texto, sigues en tu linea :)
wow, excelente escrito de verdad una bolita de sentimientos, continuare leyendo tu blog y te invito para que visites el mio
ResponderExcluirhttp://contunombre8.blogspot.com/
un abrazo!
Muchísimas Gracias Alejandro!
ResponderExcluirMe pasaré a visitarlo!:D