terça-feira, 30 de março de 2010

El sótano de los recuerdos

-¡Zoe! ¿Has terminado? - Gritó John desde arriba con tono de urgencia- Los padres de Zoe acababan de llegar y él no se sentía cómodo con la idea de compartir un momento muy largo a solas con ellos, jamás sabía qué decir. 

- No, ¡Ahora subiré, dame 10 minutos! -Respondió Zoe mientras miraba la caja del sótano, esa caja a la que tanto le costaba acercarse. 

     Allí seguía; tal y como la dejó 4 años atrás: cubierta de polvo y de más cajas por encima, seguía siendo la misma caja marrón con rebordes amarillos que tanto la atemorizaba y de la que tanto le costaba desprenderse, esa caja en la que Zoe había pretendido encerrar todos sus recuerdos y la que no se había atrevido a volver a abrir. 

Habían pasado ya cuatro años desde que se decidió a dar el paso con John, él vino a vivir a su casa por la comodidad que suponía pero lo cierto es que ella nunca fue capaz de convertir esa casa en un hogar para ambos. Por más que miraba a su alrededor sencillamente veía su casa y nada más, esa casa en la que ella había vivido tantos años pero no la casa de ambos, si se fijaba detenidamente podía observar aquél marco en la mesa regalo de su ex novio de la universidad, aquella foto enorme en la pared fruto de una noche romántica con su ex marido entre muchos otros recuerdos que ya no estaban presentes en su cabeza pero sí en su entorno. ¿Por qué nunca fui capaz de desprenderme de todo esto? -Se preguntó Zoe interiormente algo angustiada-. ¿Porqué la sigo viendo como mi casa y no nuestra casa tras cuatro años?- No entendía a qué venían esas preguntas hoy pero lo cierto es que habían invadido su cabeza mientras se disponía a limpiar aquél lugar.

Sentada en el suelo, con el trapo en la mano, el pañuelo que le recogía el pelo para poder limpiar mejor, rodeada de revistas viejas y polvo por doquier, decidió de una vez por todas enfrentarse a aquella caja. Aquellas preguntas se merecían una respuesta, fuese cual fuese el motivo de que la invadiesen hoy. 

   John desconocía la existencia de aquellos recuerdos, -Jamás bajaría al sótano- pensó ella,  le producía escalofríos, una caja tan escondida nunca hubiese sido fruto de su curiosidad. Pero lo cierto es que allí estaba, Allí estaba más vieja que nunca en ese rincón donde ella guardaba todos los recuerdos que suponía no tener y de los que se negaba desprender: fotos de cuando compró la casa con su ex marido, primeras fotos de ambos cubiertos de pintura pintando el salón cuando la casa ni siquiera tenía sillas para descansar, el anuario de aquél año en el que se conocieron, las llaves originales de la casa antes de que ella las cambiase al separarse, todo. 10 años de recuerdos desvanecidos en el tiempo tenían cabida en un espacio de 10x30cm. 

Sin percatarse y sumida en flashes de recuerdos se vio sorprendida por el crujido de la escalera. Acto seguido Zoe se apresuró a guardarlo todo antes de que John pudiese verlo y sentirse herido:

- ¡Mi vida ya subo! Disculpa, hay tanta cosa por aquí que creo que no voy a terminar nunca...-Dijo Zoe con tono de apuro antes de ser interrumpida.
- Querida, cálmate -respondió la madre con tono suave y protector- me dijo John que estabas aquí y ya estaba cansada de esas tediosas conversaciones sobre el tiempo, ¿Qué haces?
- Nada madre, limpiar un poco, no hace falta que me sermonees sobre lo sucio que está esto, yo ya lo sé. -Respondió Zoe en tono grosero.

Mientras escuchaba a su hija con su tono de suplicio habitual por tener que comer con ella otro domingo sintió que por una vez eso no le importaba. Había reconocido la cara de Tom en una pequeña esquina de la fotografía que Zoe estaba tratado de esconder bajo sus piernas. 

- Querida... -Dijo Anna con un suspiro que alentaba su preocupación.
- Sí, madre, ¡lo sé! 
- No porfavor, ¡escúchame, No seas testaruda!
- Está bien, ¿qué mamá? - En ese instante, al mirarla Zoe comprendió que la mirada de su madre no era de reproche sino de auténtica lástima. Se dispuso a escucharla.
- Zoe....¿Sabes porqué te llamé así? 
- No, ciertamente no.- respondió la hija con gesto de incredulidad- ¿A qué viene eso ahora?
- Me sorprende que nunca me lo hayas preguntado y yo nunca te lo haya dicho a lo largo de tantos años. Querida... te llamas Zoe porque tu nombre significa vida. En el momento en el que tu viniste al mundo, sabes que tu padre y yo no estábamos muy unidos, sabes que yo pasé la vida enamorada de aquél jóven ...-Sí mamá, lo sé, aquél chico de Brooklyn, sé que papá y tú os casásteis porque yo fui el desastre que culminó en otro matrimonio fallido, interrumpió Zoe- Hija...déjame terminar -suplicó la madre- ¡y no es así! sabes que estaba enamorada de aquél joven pero entonces viniste tú y fuiste lo mejor que me ha pasado en la vida y lo que me unió a tu padre hasta día de hoy, 40 años después. Cariño, te llamas así porque yo comprendí que había vivido toda mi vida anclada en un amor pasado, en una persona que se fue. Comprendí que yo nunca iba a tener una vida si no miraba hacia adelante. Te llamé Zoe porque significa vida, porque quería que tú, persona que más amo en este mundo, sangre de mi sangre viviese, y no viviese en el pasado sino en el presente. No quería que tu vivieses como estaba viviendo yo. Jamás avanzarás si no dejas de mirar atrás cariño – Concluyó Anna con una caricia en el rostro de Zoe.
- Lo sé, pero no quiero olvidarle, mamá, fueron muchos años y él se marchó sin más....yo no...-intentó terminar la frase entre sollozos-.
- Mi pequeña...-pronunció la madre mientras le daba un abrazo a su hija con una leve sonrisa- Tom se marchó, pero mientras estuvo aquí fuiste una persona muy feliz, jamás sabremos porqué lo hizo ni a dónde fue, quizás algún día regrese y te de una explicación, pero lo cierto es que mira dónde estás, quiero que mires a tu alrededor. - Entonces ambas levantaron la mirada y Zoe entre lágrimas intentó apreciar alguna figura clara-.
- ¿Qué ocurre?  - Dijo Zoe sin poder apreciar nada.
- ¿No lo ves? -Sonrió la madre- Todo lo que tienes aquí mi vida es peso, peso que no te permite avanzar, viejas fotos, viejos muebles, viejos libros, viejos regalos, todo recuerdos anclados a una vida que ya no está, mientras John te espera arriba sin comprender jamás porqué nunca te lanzas a entregarte enteramente a él. 
- Mamá, tan sólo son cuatro años a su lado, ¡no puedo entregarle mi vida sin más! - respondió Zoe con gesto de Ofensa.
- ¿Tan sólo son cuatro años? Yo me até a tu padre con tan sólo un mes de conocerlo, mi vida, si sabes que es la persona apropiada, el amor no se mide en tiempo. Además, de qué diablos te sirve que pase el tiempo si jamás te vas a desprender de los recuerdos de alguien que claramente no era para ti -argumentó Anna con voz de clara molestia- ¡Despierta Zoe y haz honor a tu nombre, Vive! -Gritó tras una leve pausa, una vez más en un intento desesperado de salvar a su hija de una vida claramente sin sentido mientras ella la miraba con gesto de vergüenza. 

En ese momento y pese a la incredulidad de tener que estar escuchando todo eso Zoe lo vio todo claro, sentía que se había acabado el miedo, ya no había más tiempo, ya no había más Tom, jamás existiría una vida feliz con John si ella no se deshacía de una vez por todas de ese sótano, al fin y al cabo, para recuerdos ya existía su mente, no necesitaba trozos de papel, fotografías o una vieja caja de herramientas debajo de una mesa. 

En un Arranque de vitalidad Zoe se dispuso a sacar de allí todo lo estrictamente necesario, todo contenido de aquella vieja caja ante la mirada feliz y orgullosa de su madre. Llena de polvo y cubierta de sonrisas salió del sótano, subió las escaleras con la fuerza de alguien que acaba de empezar a vivir en ese instante y cruzó la sala de estar para salir por la puerta principal. 

Tras la mirada atenta de John que ya se había rendido a entenderla y desapercibida por su padre, el cual sentado al lado de John miraba las noticias como de costumbre, se dispuso a cruzar la calle y a tirarlo todo simbólicamente en un contenedor de reciclaje -sabía que no era el contenedor adecuado pero necesitaba ese gesto simbólico y sabía que se las apañarían bien separando sus cosas después.

En ese instante Zoe se detuvo en seco: se sentía liviana como una pluma. Se dio la vuelta y se quedó mirando su casa desde la acera de enfrente. Era una casa perfecta, perfecta para una vida, perfecta para una familia... ¿Cómo se había resignado a seguir respirando cada día sin procurar tener nada más que eso? ¿Días vacíos sin sentido?

John tras verla desde la ventana sentada en la calle decidió salir en su búsqueda:

- ¿Amor estás bien? - Dijo él en tono de preocupación- No es necesario que limpiemos todo hoy, ya hemos tenido bastante, quieres que vayamos esta tarde al c...-Lo interrumpió Zoe con un beso.
- John...-Dijo Zoe mirándolo fijamente a los ojos- Estaba pensando... ¿qué te parece si llamas a tus amigos esta tarde para que nos ayuden a vaciar ese sótano?
- Está bien -respondió John con gesto de sorpresa- pero... ¿Porqué? 
- A ti te encantan los ordenadores, a mí me encanta dibujar ¿porqué no nos creamos un estudio para ambos, un sitio donde relajarnos y disfrutar un poco dentro de casa? Es ridículo tener tanto espacio desaprovechado.
- Me parece perfecto pero...-dijo John vacilando durante dos segundos- ¿Y todas tus cosas, y tu vida? Está todo ahí abajo, sabes que nunca he querido bajar, pero igual sé que es tu vida y no quiero...no quiero invadir tu espacio.
- Al diablo con mi vida John – dijo Zoe entre risas apretándolo en un abrazo -  ¡Mi vida eres tú, no eso de ahi abajo! -Mirándose con gestos de complicidad ambos se dieron un largo beso pausado por leves sonrisas.

    Mientras desde casa dos ancianos contemplaban la escena por la ventana: 

- ¿Qué ha pasado ahí abajo Anna? ¿Porqué se han ido ahi fuera a darse besos? ¡Que ya no tienen 15 años!
- ¡jajaja, Cállate bobo! ¿Acaso no lo ves? ¡Por fin nuestra pequeña Zoe hace honor a su nombre!


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